Relación gobierno-medios de comunicación, se fortalece el viejo modelo

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Censura Medios

Los excesos en el gasto de comunicación social no son exclusivos del Gobierno federal. Sólo en 2016 los estados despilfarraron más de 9 mil 500 millones de pesos de los mexicanos en publicidad. De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), los Gobernadores destinaron 139 por ciento más de lo aprobado por sus congresos para promocionar sus administraciones. Según el Índice de Información del Ejercicio del Gasto 2017, los gobiernos estatales ejercieron 9 mil 528 millones de pesos en comunicación a pesar de que sólo tenían autorizados 3 mil 994 millones de pesos. (Reforma Nota)

El dinero que el gobierno federal gasta en difundir sus logros en medios de comunicación es inaudito: Vicente Fox destinó 16 mil millones de pesos en su sexenio y Felipe Calderón, también del PAN, acumuló 38 mil millones, apenas mil millones menos de lo que oficialmente ha erogado el priista Enrique Peña Nieto en cinco años y que, con los 2 mil 623 millones presupuestados para 2018, impondrá nueva marca.  ¿Es mucho o poco gastar 40 mil millones de pesos en publicidad oficial? Ya se sabe que equivale a lo estimado para la reconstrucción por los sismos, pero el gobierno de Peña destinó, en los primeros cuatro años del sexenio, 39 mil millones de pesos en construcción, modernización y fortalecimiento de 640 hospitales y clínicas, así como alrededor de 2 mil 900 unidades de consulta externa. (Heraldo columna Historia de lo Inmediato)

La compleja relación entre los dueños de los medios de comunicación y los gobiernos es al mismo tiempo compleja y de conveniencias mutuas. A menudo hacen como que se enojan y utilizan los medios de comunicación para hacerlo notar. Da la impresión que la confrontación va en serio, pero al final llegan a acuerdos con base en el entendimiento y el dinero para que todo quede en paz y en un todo olvidado. No es casual que un dueño de medios hace algunos años le dijera a un alto funcionario que los medios dan las malas noticias y que los gobiernos pagan por difundir las buenas.
Con leyes o sin leyes, la mayoría de las veces los problemas, grandes o pequeños, terminan por resolverse en el cara a cara. Muchos de los acuerdos entran en terrenos en que los reportes son trasparentes, en tanto que con otros arreglos sólo terminamos por conocer una parte de las historias. Hemos entrado también, desde hace años, en los terrenos de otra singular relación: partidos políticos-medios de comunicación. De alguna u otra forma este binomio tiene en las leyes una serie de controles que no son fáciles de romper o de ser evadidos. Sin duda hay avances importantes. El problema es que no ha desaparecido un viejo modelo, por más que algunos elementos se hayan atenuado. La estructura de los medios no ha cambiado en su esencia y los gobernantes, sin importar del partido que sean, optan por acordar con ellos, en el más amplio sentido de la palabra, sin importar consecuencias y sin proponer nuevos modelos. (Razón columna Quebradero)