LATIUM: Un Festival con nuestra voz y nuestro espíritu

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Por Luis F. Gallardo

Este sábado 18 de Noviembre se inauguró un Festival de cine muy singular: LATIUM, Festival Internacional de Cine Latinoamericano en su segunda edición. Con sede en mi lugar favorito de la Ciudad de México, el hermoso Museo de San Carlos. Es singular porque el cine latinoamericano encuentra pocos espacios en nuestra cartelera cinematográfica de todos los días y tristemente en nuestra vida cotidiana.

El lector puede tomar lápiz y papel y tratar de hacer una lista de cinco películas latinoamericanas que haya visto en toda su vida. Una de las grandes desgracias de nuestra cotidianidad cinematográfica latina, desde la Patagonia hasta el Río Bravo y del Caribe a las islas del pacífico es que no consumimos el cine que lleva nuestro voz, que se arraiga en nuestras raíces, que se afirma en nuestro espíritu colectivo.

Un cine que no tiene superhéroes, ni ligas de la justicia, ni rápidas y furiosas estrellas de acción: nada de eso. Tiene eso si la imagen de nuestros problemas, de nuestra conciencia colectiva.

Otra singularidad de LATIUM es su vocación social. Bajo el lema “Arte para el cambio social y el despertar cultural” el Festival solo admite propuestas fílmicas que tengan contenidos sociales relevantes. No es solo cine importante por ser latinoamericano y tratar nuestra realidad cotidiana, sino también porque es un cine con ideas importantes sobre nuestro mundo, un cine de contenido. Vitaminas y minerales para el alma. Por eso exhibe más documentales que ficciones.

La selección de películas de este año tiene mucha calidad y diversidad, hay filmes de México, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú, Cuba, Haití y Guatemala. Quisiera destacar que nueve películas de la muestra fueron dirigidas por mujeres.

Entre la muestra hay una película Kaqchikel (etnia de la familia maya) dirigida por un director Kaqchikel, Edgar Sajcabun; y también se exhibe la primer película hablada en quechúa (así publicitada al menos), “Aya” de Francisco Carepa. Hay más discursos indigenistas, Ariel Arango Prada presenta dos películas, “Sangre y Tierra, Resistencia Indígena del norte del Cauca” y “EZLN: Comparte por la humanidad”.

Mención aparte al destacado documental “Gigantes descalzos” de Álvaro Priante e Iván Ruiz Pereda, sobre la hazaña de los niños de la etnia Triki de Oaxaca, al ganar un campeonato mundial de Basquetbol. Y al mismo tiempo muestra el lamentable estado de miseria de esta comunidad. La desigualdad económica y la falta de oportunidades es también el tema de “Raidos” de Diego Marcone, sobre una comunidad argentina de muchachos recolectores de hoja de mate.

Hay dos documentales del CUEC, Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, curiosamente las dos filmadas fuera del país, una en Estados Unidos, “El Muro adentro” de Juan Manuel Ramírez que entrevista al forense americano al que llegan los cadáveres de migrantes anónimos devorados por el desierto; y la otra “Cantadoras. Memorias de vida y muerte en Colombia” de María Fernanda Carrillo Sánchez, filmada en comunidades afroamericanas  de gran relevancia cultural.

El discurso ambientalista está muy bien representado con cintas sorprendentes como “Los elefantes no pueden saltar” película Chilena, filmada en Asía, sobre la terrible condición de maltrato y tortura que vive el elefante asiático en diversos países donde supuestamente se le venera o “Ciento Ochenta Kilos” que narra un interesante movimiento social en el bajío mexicano, para evitar el desperdicio de comida.

El cada vez más necesario feminismo latinoamericano presenta dos joyas en este festival. “Cada 30 horas” de Alejandra Perdomo describe la terrible realidad latinoamericana de la violencia familiar y de la pandemia de femicidios que asolan a América Latina. “Esclavas” de Frida Spiwak es una película tan fenomenalmente buena que me hizo cambiar completamente mi punto de vista sobre el tema que aborda: la prostitución y la trata.

En cuanto a discurso de género  el documental brasileño “João ou María?” de  Mari Angela Magalhães, nos muestra los esfuerzos de la comunidad LGBTTTI… por incidir en las leyes y en la cultura brasileña en la búsqueda de justos derechos y reconocimiento. En cuanto a capacidades diferentes el documental “Resonancia” de Ximena Quiroz Peter nos deja saber los sentimientos y visión del mundo de una comunidad de sordos en Chile.

La animación también ésta muy bien representada. Como dato curioso cada corto animado de este festival tiene una técnica diferente de animación: Stop Motion, Dibujas animados, animación 2D y 3D. Destaca “Corp.” de Pablo Polledri, creativa e inteligente forma de caracterizar a las grandes corporaciones, película a la vez divertida y didáctica.

Me sorprendió gratamente el documental chileno “Ya no basta con marchar” de Hernán Saavedra, sobre el movimiento por la educación en Chile en 2011. El director logra una hazaña: con más de hora y media de duración mantiene el interés del espectador con base en marchas y mítines. Se debe a que además de su carácter político y social, la película es una celebración festiva de la juventud y de sus mejores valores, el deseo de transformar el mundo, la creatividad y el atrevimiento.

Muy distinta es la película chilena “Los Perros” de Marcela Zaid, una ficción muy peculiar, un acercamiento inédito, mediante un personaje extraño, al negro pasado de Chile y la dictadura. Destaca la notable actuación del protagónico femenino interpretado por Antonia Zegers.

El festival exhibe dos obras maestras del cine latinoamericano contemporáneo y del cine mundial. “Ayiti Mon Amour” de la cineasta Guetty Felin, producida por la connotada directora hindú Mira Nair. La película rinde homenaje al gran clásico de Resnais y a la nueva ola francesa, llena de poética visual y conceptual. Hiroshima; una ciudad tristemente devastada por la bomba atómica; Haiti, un país insular devastado por las catástrofes naturales y la miseria. Construida a través de extrañamientos, metáforas mitológicas y de la propia  cultura haitiana, documental y ficcional a la vez, compone una compleja pero bella película universal.

“Jardines de plomo” de Alessandro Pugno nos devuelve al mejor neorrealismo italiano, a hitos como “Ladrón de Bicicletas” de Vittorio de Sica o a la notable película blacklisted “La sal de la tierra” de Herbert J. Biberman. Película italo peruana, su discurso o metáfora final se hila en torno a sucesos reales padecidos por todos, pero nos muestra un camino: el despertar de la conciencia solo puede producirse mediante el conocimiento del mundo. Hay que educarse y educar, solo con educación podemos ser críticos con la realidad para transformarla.

Realmente se agradece el esfuerzo titánico de los organizadores del Festival, Verónica Guerrero y Jorge Sánchez, por persistir en un ideal cinematográfico honesto que carece de oropel y de las alfombras rojas del cine comercial y de los festivales de relumbrón, y que nos permite asomarnos aunque sea un poquito, a la ventana de nuestras voces y de nuestro espíritu.

Puede consultar la programación en su página de Facebook: https://www.facebook.com/latiumfest/?ref=br_rs