La represión del 26 de julio de 1968 une a la UNAM y al IPN

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Por Juan Ayón

En los días previos al 22 de julio de 1968, los politécnicos, aparte de ser víctimas de los grupos porriles, financiados por el Partido Revolucionario Institucional, por el Estado mexicano, incluso por los directores de las escuelas, les eran útiles para evitar la organización política, crítica y de demandas estudiantiles contra las autoridades académicas.

Los estudiantes, como todos los jóvenes de la época, en México, no eran escuchados, no tenían el rango de ciudadanos y eran tratados como menores de edad. El autoritarismo era tajante y no soportaba contrariedades ni contradicciones, por muy mal que estuvieran las condiciones académicas.

Las Escuelas Superiores y las vocacionales del Instituto Politécnico Nacional arrastraban una serie de problemas que en cualquier momento estallarían por la actitud sorda y muda del Estado mexicano.

De acuerdo a la Dirección Federal de Seguridad, la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) tenía problemas por el presumible fracaso del sistema por semestre, mismo que es repudiado por los alumnos; en la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas (EXIQIE), los estudiantes se quejan del ausentismo de los profesores; En Ciencias biológicas, se adeudan sueldos a los maestros; en Medicina y Homeopatía piden un nuevo y más amplio edificio para tomar clases.

Los estudiantes de la Vocacional 1 se quejan de ser maltratados por el director del plantel, que constantemente los amenaza con traer a los porros; y en la Vocacional 7 los alumnos protestan por la represión política de que son víctimas.

Junto con lo anterior, la debacle de la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos, la FNET, y el ascenso de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, la CNED, que, con un lenguaje fresco, progresista exige la libertad de los presos políticos del país y la democratización de la enseñanza.

Lo anterior, junto con las acciones abusivas de los grupos de choque del 22 y 23 de julio, y la represión del 26 y 27 del mismo julio contra los estudiantes que pretendían llegar al Zócalo para protestar contra la erradicación de los grupos porriles en el politécnico y el abuso de la policía, detonó en las primeras huelgas, iniciando con la Escuela Superior de Economía.

Lo que es un hecho, e histórico en la vida de las dos instituciones más grandes del país, la UNAM y el IPN, es que la represión de los granaderos a los estudiantes del 26 en la noche y la madrugada del 27, las unió para hacer frente a los abusos del Estado.

Escuchemos la narración de los hechos de ese 26 de julio de 1968 en la voz de nuestra colaboradora Hilda Álvarez: