La Región Salvaje de Amat Escalante

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Por Luis Fernando Gallardo León

La Región Salvaje de Amat Escalante es simplemente la mejor película de Ciencia Ficción de la historia del cine mexicano. Esto parece un gran elogio, pero tampoco era algo muy difícil de lograr.

La ciencia ficción mexicana por lo común ha sido totalmente fallida e impresentable. Se pueden citar bodrios de gran calado como El planeta de las mujeres invasoras (Crevenna, 1966) o El macho biónico (de Anda, 1981) y Dos nacos en el planeta de Mujeres (Rojas, 1991). También incluye farsas menos vergonzosas como México 2000 (González, 1983), y algunas películas del Santo salpicadas con elementos ciencia ficcionales.

Y para ser justos, también ha habido algunos intentos actuales de realizar Sci Fi  como La zona de Rogrido Pla (2007), pero no plenamente satisfactorias. La verdad, La región salvaje es una película impecable, bien dirigida e interesante. Es original en el marco de nuestro cine, pero no totalmente original en el marco cultural universal, ni en el cine universal, ya en el siglo XIX, el artista japonés Katsushika Hokusai ilustró en una Xilografía El sueño de la esposa del pescador a dos octópodos, una grande y uno pequeño que hacen el amor a una mujer, y cualquier lector de mangas eróticas japonesas (hentai) se ha topado con monstruos tentaculares transformados en portentosas máquinas sexuales.

Lo que ha hecho Amat ha sido poner eso en “live action” con resultados aceptables. No termina por ser plenamente erótico porque Amat enmarca sus escenas sexuales, en tonalidades musicales y escénicas, sórdidas o patéticas. Es el acervo de culpa cristiana del realizador expresado en la imposibilidad de presentar escenas sexuales sin carga moralista, y lo expresa bien un personaje de la película cuyo tío homosexual fallece asesinado: “…castigado por dios”. ¿Es aquella creatura tentacular un dios? En Possession (1981) de Andrzej Zulawski el monstruo tentacular que posee sexualmente a Anna (Isabelle Adjani) es un demonio. Vagas reminiscencias metafísicas vinculan ambas películas, pero con una hebra de humo.

El tema obsesivo de Amat Escalante siempre ha sido la insatisfacción sexual, que conduce a las parafilias sexuales. Es el único elemento que vincula todas sus películas: el niño de la calle que es objeto erótico de una señora clasemediera en Amarrados (2002); el bizco que tira a su hija a la basura para después darle la cogida de su vida a su mujer en Sangre (2005); la frustrada y urgida clasemediera gringa de Los Bastardos (2008); la impotencia de Heli (2013); y el sexo ordinario e insatisfactorio que tienen las mujeres protagónicas en La región salvaje (2016), todos los discursos de Amat giran en torno al sexo insatisfactorio, pero en esta película lo ha puesto por primera vez como eje temático, lo que representa una evolución personal. La película también puede leerse, un poco generosamente, como una metáfora sombría de la disfuncionalidad humana contemporánea para relacionarse con el otro y con el mundo.

La película si adolece de un rasgo de estilo común en la obra de Amat, sus personajes carecen de vida interior propia, están al servicio del guión y del director. Son unidimensionales. Amat Escalante ha volcado en su obra sus prejuicios de clase y cada una de sus películas los refleja de forma nítida, en un estilo naturalista eficaz. Es cine burgués que con mirilla microscópica examina lo que ellos consideran es el hombre común, una construcción ilusoria. El hombre común de Amat, de clase media baja, carece de mayores aspiraciones que las que se muestran en la película. En Los Bastardos confirma el prejuicio burgués racista contra los hombres del campo mexicano, morenos y pobres, criminales y asesinos potenciales. Heli (una joya del absurdo) trata sobre la impresión que cualquier burgués tiene del narcotráfico y de los narcotraficantes, una visión superficial y externa, del que lee encabezados periodísticos. En la Región Salvaje sus mujeres no tienen ninguna perspectiva de vida, más allá de su satisfacción sexual. No son profesionistas, ni leen, ni van al cine, ni disfrutan el sexo ordinario, aún sea con el marido. Para Amat, así es la mujer común, y ocurre lo mismo con todos sus personajes desde su ópera prima Sangre hasta su última película. Desde su óptica –burguesa– el hombre y la mujer común en México son seres carentes de vida interior, mediocres, sin mayores objetivos vitales que los meramente animales. ¿Es esto bueno o malo? No sabría decirlo, creo que al final es cuestión de gustos. Desde un punto de vista descriptivo es simplemente una estética naturalista.

Contraste el espectador este tratamiento de personajes con “Shape of Water” de Guillermo del Toro, donde todos los personajes, incluso el villano y los personajes de acompañamiento tienen una vida interior rica. Toman decisiones por sí mismos, no están al servicio de la historia, sino que construyen su propia historia. Por ejemplo, la protagónica, el personaje llamado Sally Hawkins (Elisa Esposito) es una empleada de intendencia, en la primera escena de la película la vemos masturbarse con gran satisfacción (y se muestra plena en su goce sexual sin ningún moralismo por parte del director); es una mujer que es buena amiga, y compañera de trabajo, que ve películas y escucha música, es decir, que tiene una vida propia. Tiene una vida más alla de la creatura del pantano, como los demás personajes. Quizá para dotar de vida verdadera a los personajes también haga falta el talento actoral.  Y esa es otra gran superioridad de Possession sobre La región salvaje, Zulawski si usa actores (y que actores), y sus personajes tienen sangre en las venas, reaccionan como seres humanos y no como seres lobotomizados.

Con todo y sus personajes peculiares, Amat posee la virtud de construir imágenes y escenas eficaces de gran impacto visual y emocional. El escopetazo de Los Bastardos, los colgados del puente y el tormento al que es sometido un prisionero de los narcos en Heli, el salto por la venta de la niña que escapa de su condición de rehén sexual en Esclava; en la Región Salvaje también logra plantear escenas de gran impacto visual y emocional. Será cosa del espectador descubrirlas.

Lo que me resulta del todo inexplicable es el estreno tardío de la película, y el intento de boicot de la cadena Cinemex. Si es por el contenido sexual, podemos afirmar que el Japón de 1814 que permitió la distribución de la xilografía de “El sueño de la esposa del pescador” era menos moralista y reaccionario que el México de 2018.  Y sí, seguro.