La corrupción en tiempos de… elecciones

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Portada de la revista Proceso del 12 de marzo de 2017

Portada de la revista Proceso del 12 de marzo de 2017

Por Juan Ayón

La corrupción ha descompuesto a la sociedad en grado extremo que hasta se observa como algo normal y rutinario, lo cual es una mentira. Constituye un fenómeno político, social y económico a nivel mundial.

Particularmente, en México, la clase política dejó crecer e instalarse al narcotráfico, al crimen organizado en todos los niveles por poder y por riqueza mal habida. Pero no paró ahí, la corrupción corroe las sociedades y las culturas, provoca crímenes y asesinatos, violencia, muerte e impunidad.

Por desgracia ese es nuestro México, no es una mala percepción. Es real y triste. Los candidatos prometen, sonríen y dan soluciones, pero dicen que habrá mano dura. ¿No la tiene Enrique Peña Nieto en estos momentos? ¿No la tiene Eruviel Ávila en el Estado de México? Tal parece que no.

La clase política mexicana trajo el cáncer al territorio nacional, lo cultivó y lo dejó crecer hasta el descontrol. Si los reyes del narcotráfico sobornaban a las autoridades municipales, estatales y federal para realizar sus ilícitas actividades, ahora vemos que la diversificación de sus crímenes afecta a la sociedad entera: estratos menos favorecidos, clase media, comerciantes, industriales, ganaderos, agricultores. Todos tienen que pagar para vivir bajo amenaza y miedo.

Ya se vio el terror que se vive en Tamaulipas, Guerrero, Chihuahua y Morelos. Nadie está a salvo todos tienen que pagar derecho de piso, de lo contrario son objetos del secuestro, del robo, del chantaje y la muerte.

Los candidatos del PRI y el PAN y en algunos candidatos de la izquierda lo saben, el poder está ligado al crimen y a la impunidad. En la sociedad, la tranza permea y de lo contrario no avanzan. Estamos en el grado de que el que no tranza es un personaje raro y extraño que debe ser exterminado.

El crimen organizado existe porque políticos están inmersos en él, son parte de la corrupción, pero no parte innata del mexicano, del ser humano.

La corrupción es el reflejo del deterioro de valores y virtudes morales, especialmente de la honradez y la justicia. Atenta contra la sociedad, el orden moral, la estabilidad democrática y el desarrollo de los pueblos.

En municipios del Estado de México, el crimen organizado aparte del derecho de piso, negocia con autoridades municipales para obtener la mitad del presupuesto, de lo contrario hay muerte y terror, mucho terror. Y como los presidentes municipales duran tres años en el puesto, deben de apartar su rebanada del pastel, con lo cual ya no queda nada para la obra pública y el bienestar de la población temerosa.

Marcelo Colussi escribe en ArgenPress que “En los tiempos modernos, del Siglo XXI, los “negocios sucios” han pasado a ser la fuerza principal que dinamiza al sistema en su conjunto, que mueve los dineros, la economía. La especulación financiera, el negocio de las armas, el tráfico de drogas ilícitas, el lavado de fortunas “sucias”, el crimen organizado en su conjunto, la guerra, no son una nota marginal de nuestra sociedad. ¡son su esencia, su savia vital, su núcleo fundamental!”

“Los políticos, los empresarios, los banqueros han pasado a ser parte del crimen organizado, por ende,  la corrupción, no es una enfermedad,  ni un mal extraño, es su dinámica cotidiana, lo que constituye y define su forma actual, donde la ganancia fácil es la norma y que se habla de democracia y libertad. El fin justifica los medios.”

La investigación de la revista Proceso de hace unas semanas,  del 12 de marzo pasado, lo dice todo: En el Estado de México están en juego los negocios del Grupo Atlacomulco, no el bienestar de la población. Ésta, no existe.

Las promesas oficialistas esconden su principal propósito: el control de la política, los recursos, los negocios, pero sobre todo, el control de la población a través del miedo.

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