En respuesta a Carlos Mota: Amat recibió 8.5 millones… y triunfó

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Por Luis F. Gallardo

Escribo este texto en defensa de nuestras instituciones cinematográficas, me refiero a IMCINE y su fondo FOPROCINE. Defensa de un ataque artero e ignorante pero divulgado en un diario de circulación nacional, en una nota que se titula “Amat recibió 8.5 millones… y fracaso” firmada por Carlos Mota, publicada el 8 de febrero de 2018 en El Heraldo de México.

No sé quién es Carlos Mota, lo conocí apenas hoy que leí su nota. No sé si es buen articulista o no, debe ser bueno pues tiene un espacio en un diario de circulación nacional, pero es la primera vez que yo leo algo que él ha escrito. No sé si es buena persona o no, porque no lo conozco. Así que no me centraré en calificar o descalificar al escritor de este artículo. Pero con relación al tema que trata específicamente exhibe una ignorancia monumental y peligrosa.

Una ignorancia que agrede con vileza a nuestras instituciones cinematográficas, y que amerita una respuesta vigorosa y yo espero que las instituciones mexicanas se defiendan. Yo realmente espero que el director del IMCINE y la Secretaría de Cultura hagan al diario un extrañamiento de este ataque sin fundamento. En fin. Ojalá ocurra. Hay instituciones en México que vale la pena defender y unas de ellas son precisamente las cinematográficas.

Carlos Mota inicia su artículo con este imperativo: “Llegó la hora de cancelar Foprocine.” Exige que se cancele este programa, y lo justifica de esta manera “El Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad es un barril sin fondo que solo tira a la basura el dinero de los contribuyentes mexicanos. Si un candidato a la presidencia es serio, debería incorporar rápidamente la cancelación de este tipo de apoyos gubernamentales que tienen tufo socialistoide.”
Hagamos un poco de historia: la industria cinematográfica nacional se fundamenta en los años treinta y tiene su gran apogeo en los años cuarenta, no obstante la industria del cine en México se sostiene bien o mal hasta 1992. Ese año culmina el periodo industrial por decreto presidencial. Se deroga la Ley de cine Echeverrista, y se promulga una nueva Ley de cinematografía. El proyecto de Carlos Salina de Gortari y de Rafael Tovar y de Teresa era deshacerse de esa industria churrera, de las ficheras, luchadores, acción chafa, etc; y sustituirla por cine de calidad. Le llamaron nuevo cine mexicano. Y de ese nuevo cine mexicano surgieron Cuarón y Guillermo del Toro, entre otros. Ese cine de calidad, según el proyecto salinista -que por cierto sigue vigente- iba a ser totalmente financiado por el Estado. De hecho los fideicomisos cinematográficos están plasmados en la Ley de cinematografía emitida por Salinas, por lo que supongo que a eso se refiere ese tufo socialistoide, seguramente Salinas es el presidente más socialista de la historia de México. Aunque es más común que le llamen neoliberal y a todos estos cambios les llamen neoliberalismo. En fin, que el tufo socialistoide al que se refiere el autor proviene del proyecto cinematográfico salinista que rige todavía los destinos del cine del país. La Ley de Cinematografía no se pudo poner en marcha porque el Gobierno tardo 8 años en emitir el Reglamento correspondiente. Si 8 años. Hasta el sexenio de Vicente Fox Quesada. Esos ocho años de limbo cinematográfico, en que nuestro cine por cierto toco fondo, con la producción más baja de la historia, sirvieron para ir refinando la Ley de cinematográfica, pues al principio solo se contemplaban los apoyos al cine industrial (más bien comercial) a través de FIDECINE, por eso en 1997 se fundó FOPROCINE que apoya proyectos de cine no comercial, proyectos que se sabe de antemano no van a generar ingresos de taquilla. A partir del año 2000 que se emite el Reglamento, TODO EL CINE MEXICANO TIENE FINANCIAMIENTO ESTATAL.

Todo el cine mexicano es subvencionado a través de coproducciones, y reciben dinero de los contribuyentes tanto las películas de Eugenio Derbez, Omar Chaparro y Danna Paola, como el cine mexicano de calidad, las películas de directores de enorme importancia en México como Ignacio Ortiz, Carlos Carrera, Juan Antonio de la Riva, Julián Hernández, Fernando Eimbcke, Carlos Reygadas, Ernesto Contreras y un largo etcétera. También reciben apoyos del estado las óperas primas de las escuelas de cine, que así debutan a jóvenes talentos. Reciben dinero de los contribuyentes los éxitos de taquilla y las películas que nadie ve por igual, porque así está estipulado en la Ley Cinematográfica recalco salinista. Es su modelo y fue exitoso en un sentido, el cine mexicano logró el deseado salto de calidad. El cine mexicano goza actualmente de enorme prestigio internacional, nuestras películas ganan premios internacionales del más alto nivel. Tal es el caso de “La Región Salvaje” de Amat Escalante, quién ganó el León de Plata del Festival de Venecia como mejor director.

Pero el articulista cree que Amat fracasó porque tuvo baja recaudación de taquilla. Ignora completamente el hecho de que FOPROCINE tiene como vocación el apoyo de proyectos de cine de calidad (de arte en pocas palabras), proyectos de baja o nula recaudación. Sin saber nada de producción de cine, el articulista considera que los 8 millones que FOPROCINE le dio a Amat para su película son mucho dinero, cuando el promedio nacional actual es de unos 40 millones de pesos por película. A Mantarraya y a Amat Escalante deben ponerles un monumento por filmar en condiciones de producción precarias. Pero nuestro ignorante articulista cree que ganaron dinero ya que en su primer fin de semana recaudaron 940,000 pesos, según él: “Y si establecemos la ganancia de los cines en, por ejemplo, el 50 por ciento del valor de la taquilla, estamos hablando de 470 mil pesos de ingresos para Amat y su camarilla.” Estas cuentas me dan mucha risa. Amable lector saque la calculadora y haga usted mismo las cuentas.  No sabe este hombre que el 16 por ciento de esos ingresos regresan al gobierno en forma de IVA; que el porcentaje de los exhibidores es del 60 por ciento; que el porcentaje del distribuidor es del 17 por ciento, por lo que le queda al productor, o sea a su camarilla solo el 7 por ciento de la recaudación. Pero como los recursos son de FOPROCINE, ese 7 por ciento vuelve al gobierno, hasta que se pague completamente el monto de participación. Por lo que la ganancia para Amat Escalante, Mantarraya Films y toda su camarilla es de CERO POR CIENTO.
Ni Amat, ni Mantarraya ganaron un peso. Pero Amat ganó el León de Plata del Festival de Venecia, y sí, lo ganó él, pero también México y es un orgullo para nuestro país. El articulista ignorante despotrica contra la película, y tiene derecho a sus gustos y a defenderlos. Pero no tiene derecho a exigir la desaparición de los apoyos a nuestro cine, al cine de todos los mexicanos, al cine que expresa nuestra cultura e idiosincrasia, solo por sus malos gustos. Su falacia es la siguiente: por una manzana que a él no le gusta, hay que destruir toda la huerta de manzanos, y dejarnos a todos sin manzanos, ni manzanas.

El articulista ignorante concluye: “Escalante sí es un ejemplo, pero de fracaso. De pasada ha evidenciado al aparato de IMCINE y sus abyectos subsidios de películas que nadie ve. Urge, pues, desaparecer Foprocine y dedicar esos millonarios recursos a gente que sí los aprovecharía.”

Pues es todo lo contrario: estos recursos están muy bien aprovechados cuando se emplean para hacer películas mexicanas, que son un patrimonio cultural invaluable. En cien años se estarán viendo estas películas y se estará estudiando el cine de Amat Escalante. En esos mismos cien años nadie se acordará del nombre del articulista ignorante. Es decir, el arte, la cultura, el cine, le dejan al país patrimonio tangible y trascendente en el tiempo. Y es mucho mejor que estos recursos se aprovechen en películas, a que sirvan a destinos oscuros en estafas maestras multimillonarias.

Contrario a lo que piensa el articulista ignorante, IMCINE y sus fondos pasan por un gran momento. La producción es alta en cantidad y calidad, lo que refleja que se están haciendo muy bien las cosas en nuestras instituciones cinematográficas que en realidad deben recibir más apoyos, más recursos públicos de los que reciben. Y “La región salvaje” es un ejemplo del éxito de estos fondos en todos los sentidos. Y un triunfo para Amat Escalante y para México.

ADENDA
El Centro de Capacitación Cinematográfica, la escuela de cine del estado, el CCC ha sufrido también embates ignorantes, pero en este caso gubernamentales, con recortes presupuestales severos injustificados para una institución de enorme relevancia histórica y cultural. Fortalecer al país es fortalecer a sus instituciones, no medrarlas. Esperemos que se rectifique esta situación y se reconozca el enorme valor cultural y social del cine en nuestra vida pública. Y se respeten y se hagan prosperar sus instituciones.