El poder invisible

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Por Juan Ayón Bernal

Cuando se habla de la democracia mexicana, un tema que no se toca es el que tiene que ver con el Poder Invisible, porque a decir de muchos estudiosos, es la contraparte de la transparencia.

En México, podemos decir que ese poder invisible lo representan el crimen organizado, el narcotráfico, los grupos de choque, pandillas, grupos de inteligencia. Todo mundo sabe que ahí están, que apoyan los ilícitos, pero oficialmente nadie sabe de ellos.

Es tan espesa su opacidad, que los políticos mexicanos, no solamente niegan su participación de los recursos ilícitos (veáse el caso Obredecht), sino también con sus nexos con el crimen organizado, narcotráfico, pandillas y hasta grupos de choque -véanse todos los gobernadores que están en la cárcel, en fuga o en proceso de extradición-.

No hay ningún estado en la República Mexicana en donde no se registre acciones de este mal, y a pesar de todos los anuncios y acciones de lucha institucional, no hay nadie que lo frene. Y ese… con el que nadie puede, es el “supuesto” poder invisible.

Poder invisible que está en todas partes y en ninguna, sin rostro, ubicuo, que no da la cara, que amenaza, mata, secuestra y extorsiona, el que tira la piedra y esconde la mano, el que pone condiciones.

Mucho se habla del Estado Fallido, pero está ese “Estado”, el invisible, que doblega a las instituciones, a la sociedad. Un Estado paralelo que impone sus condiciones y que tiene bajo el terror a todo un país. Lo podemos ver y analizar en los casos de Coahuila, Veracruz, Guerrero y Tamaulipas, y en otros estados.

Un estado autoritario como el del PRI siempre ha tenido su contraparte ilegal, invisible. Por desgracia, se reclaman mutuamente. Se usó en 1968, en 1971, las guardias blancas en Guerrero, Oaxaca y Chiapas, y cuando hay movimientos sociales importantes aparece la hidra de mil cabezas, que mata y viola, pero también violenta la democracia, elecciones, el Estado de Derecho y decide quién estará en el poder.

Ese poder oscuro, poco transparente, como lo llamara Humberto Bobbio, ha dejado en México una estela de misterios políticos y criminales, que nunca han tenido solución pero que, sin duda, por su poderío ilícito en lo económico y político, existe, con umpunidad, y se deja sentir en nuestras vidas desde hace varias generaciones.

Sin embargo, y por desgracia, los gobiernos corruptos, incapacitados para gobernar, han truncado el futuro y fortaleza a nuestra nación. La fuerza de la sociedad crítica es lo único que puede frenar esa barbarie del poder invisible, el cual es manejado desde la cúspide del grupo que gobierna, del poder visible.

Poder visible que ha impedido el desarrollo integral del pueblo mexicano. Nuestros gobernantes, más que servidores públicos son unos atracadores desde el poder.

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